Siempre he sido un hombre de piernas. Fue lo primero que vi al nacer. Después intenté salir. Desde entonces he intentado la dirección contraria pero con bastante poco éxito.
Entradas populares de este blog
Hay cosas, momentos, personas, olores, canciones... que no se olvidan nunca. Quizá permanezcan escondidos en algún bolsillo de un pantalón viejo que no usas desde hace ya una decena de años, pero luego ese recuerdo vuelve a ti y puedes sentirlo, lo sientes con más fuerza que nunca. Y parece que estás ahí, otra vez, viviéndolo. Es una sensación extraña, demasiado viva. Es un sentimiento que te hace estar menos muerta por unos instantes. No sé, no se puede explicar, ni definir. Es algo demasiado hermoso como para estropearlo con una frase o una larga explicación. A veces hay recuerdos que duelen, pero necesitas de ellos para seguir adelante, para no volver a cometer los mismos errores, y aprender. Joder, aprender ... qué difícil. Tropezar con la misma piedra parece que siempre ha sido mi filosofía de vida.
A la edad de 25 la mayoría de la gente estaba acabada. Todo un maldito país repleto de gilipollas conduciendo automóviles, comiendo, pariendo niños, haciéndolo todo de la peor manera posible, como votar por el candidato presidencial que más les recordaba a ellos mismos. Yo no tenía ningún interés. No tenía interés en nada. No tenía ni idea de cómo lograría escaparme. Al menos los demás tenían algún aliciente en la vida. Parecía que comprendían algo que a mí se me escapaba. Quizás yo estaba capidisminuido. Era posible. A menudo me sentía inferior. Tan sólo quería apartarme de ellos. Pero no había sitio donde ir.

¡Que grande Bukowski!
ResponderEliminar