De verdad que no lo sé, Tam, es que no lo sé. Es como si hiciera que las cosas fuesen más reales para mí. La vida es aburrida y fútil. Empezamos con grandes esperanzas y después nos acojonamos. Nos damos cuenta de que todos vamos a morir, sin encontrar realmente las grandes respuestas. Desarrollamos todas esas ideas de largo alcance que se limitan a interpretar la realidad de nuestras vidas de distintas maneras, sin extender nuestro cuerpo de conocimientos que realmente merecen la pena sobre las grandes cosas, las cosas reales. Básicamente, vivimos una vida corta y decepcionante; y a continuación morimos. Llenamos nuestras vidas de mierda, de cosas como carreras y relaciones para convencernos a nosotros mismos de que no carece todo de sentido. El caballo es una droga honesta, porque te arranca esas ilusiones. Con el caballo, cuando te sientes bien, te sientes inmortal. Cuando te sientes mal, intensifica la mierda que ya está ahí. Es la única droga realmente honesta. No altera tu estado de conciencia. Sólo te da un colocón y una sensación de bienestar. Tras eso, ves la miseria del mundo tal cual es, y no puedes anestesiarte contra ella.
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Hay cosas, momentos, personas, olores, canciones... que no se olvidan nunca. Quizá permanezcan escondidos en algún bolsillo de un pantalón viejo que no usas desde hace ya una decena de años, pero luego ese recuerdo vuelve a ti y puedes sentirlo, lo sientes con más fuerza que nunca. Y parece que estás ahí, otra vez, viviéndolo. Es una sensación extraña, demasiado viva. Es un sentimiento que te hace estar menos muerta por unos instantes. No sé, no se puede explicar, ni definir. Es algo demasiado hermoso como para estropearlo con una frase o una larga explicación. A veces hay recuerdos que duelen, pero necesitas de ellos para seguir adelante, para no volver a cometer los mismos errores, y aprender. Joder, aprender ... qué difícil. Tropezar con la misma piedra parece que siempre ha sido mi filosofía de vida.
A la edad de 25 la mayoría de la gente estaba acabada. Todo un maldito país repleto de gilipollas conduciendo automóviles, comiendo, pariendo niños, haciéndolo todo de la peor manera posible, como votar por el candidato presidencial que más les recordaba a ellos mismos. Yo no tenía ningún interés. No tenía interés en nada. No tenía ni idea de cómo lograría escaparme. Al menos los demás tenían algún aliciente en la vida. Parecía que comprendían algo que a mí se me escapaba. Quizás yo estaba capidisminuido. Era posible. A menudo me sentía inferior. Tan sólo quería apartarme de ellos. Pero no había sitio donde ir.
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